Orfeo y Eurídice. Relación mito-ópera.

¡Hola de nuevo, parvi nautae! Por fin vuelvo a actualizar mi polis bloggera con una nueva entrada tras unos días un tanto ajetreados y difíciles de sobrellevar debido al enorme lío de horarios en el Conservatorio de Música. Lo que ahora me recuerda que el tema de esta publicación va relacionado con la música. Ah, ¿a quién no le gusta la música? Vale, no me vengáis diciendo que os mola la techno, o el reggeaton, porque ese rollo no va conmigo, ¿entendido? Llamadme anticuada, al fin y al cabo me quedé anclada en la Edad Antigua, el Renacimiento y el Neoclasicismo, pero no vais a convencerme. La música clásica siempre, siempre será la mejor y la más placentera para mis tímpanos. Hace dos días que pensaba qué podría poner en el Blog para impresionaros, pero se ve que me quedé in albis y no pude hacer nada para remediarlo, así que anoche se me ocurrió que podría inspirarme un poco con música. Rebuscando entre los vinilos que adquirí en la tienda de segunda mano (todos de música clásica, por supuesto), avisté uno que llamó mi atención: la ópera Orfeo ed Euridice de Gluck. Y os preguntaréis, queridos nautae: “¿Y quién son esos? Y lo más importante…¡Qué nombre más raro que tienen!”. No os preocupéis, que os lo explicaré todo enseguida.

 

Seguramente os suene el renombrado Orfeo, ya que es famoso por ser uno de los mortales con la habilidad más grande para tocar la lira y cantar del mundo entero de la mitología. Pues bien, este joven se casó con la dulce Eurídice, una muchacha saludable y cuyo amor por él era tan grande que no podía separarse un sólo instante de su marido. Pero un día en que ella caminaba por el bosque próximo al lugar donde vivían, un fauno, Aristeo, la persiguió con no muy buenos fines. Ella corrió, y en su huida, una serpiente la mordió, provocando su muerte. Orfeo la halló allí tendida y se arrodilló abrazando el inerte cuerpo de su esposa, a las orillas del río Estrimón, lamentándose por la pérdida. Fue tal la tristeza del pobre hombre, que no supo hacer otra cosa más que tocar su ahora desflorada lira, de la cual brotaban notas oscuras y rotas que llegaban a los oídos de dioses y ninfas, que acabaron aconsejándole que bajar al Inframundo a recuperar a su amada. Así fue como con valentía, se hizo hasta los terrenos de Hades, cruzándolos con vida y con su lira, sorteando multitud de obstáculos con su música celestial. Y entonces, al llegar a la cámara de los dioses del Inframundo, conmovió primero a Perséfone, diosa de la Primavera, que convenció a su esposo para que le entregase el alma de su amada Eurídice. Y así lo hizo el Gran Señor de las Tinieblas, pero con una condición bien clara: no podía mirar a su esposa a la cara hasta que no salieran de la oscuridad. Entonces, pletórico, Orfeo caminó y subió las escaleras que los devolverían a la vida. Pero según avanzaba, sentía cada vez más preocupación, porque no podía escuchar a Eurídice, ni tampoco podía saber si estaba bien o mal, o si realmente lo seguía. Cuando habían alcanzado la superficie, se giró, pero ella mantenía uno de sus pies bañado en la oscuridad del Inframundo, y Orfeo la perdió para siempre.

Una historia un tanto trágica, ¿no creéis? Pero es que parece ser que para los griegos de la Edad Antigua estos temas de amoríos y desamores eran muy comunes y solían ser el tema principal por el cual los dioses peleaban entre sí o por el cual los dioses se inmiscuían en las vidas de los humanos. Aunque ese tema ya lo trataremos en otra entrada, no seáis impacientes, cari nautae. ¡Pero bueno! ¿Y qué tiene que ver ahora el retrato de este señor con todo esto? Pues mucho, por no decir que es casi uno de los puntos que nos llevarán al corazón de esta entrada. Bueno, pues este hombre es Christoph Willibald Gluck, el compositor de la ópera Orfeo y Eurídice. Sí, sí, habéis leído bien, también es una OBRA MUSICAL. Aunque no lo creáis a priori , la mitología ha influido enormemente en la literatura, la música y el arte en general. Pero eso lo dejamos para otra entrada también.

Volvamos con Gluck. No voy a decir demasiado sobre su vida, sólo los datos importantes. De todas formas, si queréis saber más cosas sobre él, mirad en esta página: http://hagaselamusica.com/ficha-compositores/clasicismo/gluck-christoph-w/ o en Wikipedia, que siempre ayuda. Yendo al grano de una vez, este compositor, bastante célebre en su época, tuvo la gran idea de honrar al mundo musical con la que me atrevería a decir que es la más conocida de sus óperas mitológicas. Os dejo con unos cuantos vídeos subtitulados al castellano para que podáis entender lo que recitan los personajes. Los papeles principales están repartidos entre Orfeo (contralto. Sí, lo interpreta una mujer), Eurídice (soprano) y Eros o Cupido (soprano). Los demás papeles son normalmente grupales, y corresponden al coro de furias y ánimas, al coro de los asistentes al funeral, etc.

En la cuarta parte del primer acto podemos observar la aparición de Eros o Cupido en escena para expresar la solución a los problemas de Orfeo. Observad la fantástica ambientación del escenario y qué bien representados están los personajes:

n este caso vemos las puertas del Averno, custodiadas por las arpías y las furias, algunas almas en pena y demás criaturas oscuras y sometidas por el fuego de las profundidades del Infierno, que no desean que Orfeo traspase las puertas para introducirse en el Inframundo.

Finalmente, cuando Orfeo y Eurídice van a emerger de los Inferos, él no resiste los lamentos de su esposa y se gira para abrazarla, cometiendo un grave error. No podrá recuperarla nunca.

Pero una reaparición de Cupido interrumpe la cólera de Orfeo, devolviéndole a su amada, cosa obviamente inventada, porque en el mito Orfeo debe volver al mundo de los vivos sin la compañía de Eurídice.

Todo tiene final feliz. Una danza con los aldeanos del pueblo donde vivían y un bonito discurso sobre el poder del amor y lo que supone la constancia en una relación. Toda una lección de romance al más puro estilo trágico, pero cuyo final deja mucho que desear en comparación con el mito.

 

¡Qué preciosidad de obra! ¡Esto sí que es disfrutar de buena música! Exquisita para los melómanos obsesivos y los amantes de la mitología, que vemos reflejada en ella la pasión y admiración hacia una época y una civilización olvidada por algunos, pero que aún pervive en nuestras costumbres y en nuestra cultura.

 

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Acerca de María EEHH

Matrícula de Honor en Bachillerato Humanístico (2012), férrea defensora de las mal consideradas "lenguas muertas" y de la cultura hispánica, ahora Graduada en Estudios Hispánicos: Lengua Española y sus Literaturas (2012-16) por la Universidad Autónoma de Madrid. Actualmente, estudiante de Máster en Literaturas Hispánicas: Arte, Historia y Sociedad (UAM) y de Máster en Formación e Investigación Literaria y Teatral en el Contexto Europeo (UNED). Hago lo que puedo escribiendo.
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