Regreso, convertida en Filóloga Hispánica.

¡Saludos, queridos internautas!:

Después de cuatro años de silencio (casi cinco, mater mea!), he regresado: ahora, convertida en Filóloga Hispánica. No he podido contener mi ánimo al comprobar que, a pesar de los años, el breve artículo que escribí acerca de la utilidad de la enseñanza y del aprendizaje del latín y del griego, ha continuado siendo objeto de numerosas lecturas e interpretaciones que, sorprendentemente, acaban agradando a todo aquel que haya leído el texto. No saben ustedes lo que una ha cambiado en el transcurso de estos largos años. Mi opinión, no obstante, si bien es menos difusa (y más científica), acerca del tema tratado en 2012, apenas ha cambiado en cuanto a su planteamiento inicial.

Espero retomar la actividad que llevaba a cabo en este tipo de plataformas. Mi gran amor es la literatura, y todos aquellos que me conocen, lo saben. Sin embargo, no por ello voy a menospreciar la importancia de la/s lengua/s y del conocimiento del lenguaje.Estos años de crisis, en los que ha sido prácticamente constante (y me atrevería a apuntar que, obligada) la reflexión acerca del sistema educativo español (¡qué mala suerte tienes, al estudiar en esta época!, se lamentaba mi padre, sabiendo cuánto sufría yo la decadencia, el déficit de una famélica Educación Superior), también me han servido, gracias a mis estudios, para valorar la cultura hispánica, nuestra historia, nuestra sociedad, desde el análisis de una lengua tan extendida como lo es el español. Sobreviví a la Filología Hispánica. Y me apasiona.

Un fuerte abrazo y un enorme agradecimiento a todos aquellos que comentaron mi entrada acerca del latín y del griego. Sobre todo, a aquellos profesores que usaron mi artículo y se lo mostraron como ejemplo a sus alumnos. A día de hoy, he podido disfrutar de una estancia de prácticas en el Instituto de ESO en el que me gradué, dando clases. Fue una experiencia maravillosa. Desde entonces, sé que me dedicaré a la docencia. No sé si será en un Instituto, o quizás en la Universidad. ¿Quién sabe?

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Parvus passer (I)

Un pequeño gorrión se posó en las ramas del olivo bajo el que te sentabas, y lo mirabas entre confuso y enamorado, lo mirabas sin ver nada. ¡Oh, sol que empezabas a esconderte en el horizonte, esquivo huías para ver a tu querida luna! ¡Oh, pobre Catulo que esperaba a su amada sin esperarla! Se dejó seducir por su suave piel y sus tiernos labios, por su juventud, por sus turgentes pechos, por sus cálidos brazos. ¡Y ahora mírate! Fracasado, hundido, bajo el olivo cuyas ramas una vez fueron símbolo de tu fortuna. ¡Oh, Lesbia! ¿Acaso tú no amabas a este desdichado poeta? ¡Jugabas sólo! Reías como lo haría cualquier musa, y regalabas tus tonadas de felicidad al único e infeliz poeta…¡Oh, tristeza! ¡Oh, ira! ¿Y qué hacer? ¡Oh, Lesbia, su corazón resiste esperando que devuelvas la calidez que le robaste! ¡Ay, muere! Muere…Y llora. Y siente horror de sí mismo por ese sentimiento que le pesa allá en el pecho frío e inerte, que cobra vida vengativa y lujuriosa con la sangre de aquel quien le prohibió la felicidad…¡Oh, amor! Amor funesto e imposible, mal presagio para el enamorado.

Y el pequeño gorrión, sin fuerza en las alas, se desplomó desde las ramas, y chocó contra  la fría hierba de la primavera.

Inspiración para el micro-relato:

Poema de Catulo al gorrión de su amada Lesbia

Passer, deliciae meae puellae,
quicum ludere, quem in sinu tenere,
quoi primum digitum dare adpetenti
et acris solet incitare ,
cum desiderio meo nitenti
carum nescioquid libet iocari,
et solaciolum sui doloris:
credo, tum gravis acquiescat ardor:
tecum ludere, sicut ipsa, possem
et tristis animi levare curas!

Gorrioncito, joya de mi pequeña,
con quien juega, al que resguarda en el seno,
al que suele dar la yema del dedo
y le incita desgarrados mordiscos:
cuando a mi deseo resplandeciente
le place tornarse alegre y aliviarse
de sus cuitas, para aplacar su ardor,
¡cuánto me gustaría, como hace ella,
jugar contigo y desterrar las penas
lejos de mi triste ánimo!

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Crítica: “El Viaje de Chihiro”

Nominada en 2002 al Óscar a mejor largometraje de animación; en el festival de Sitges como premio especial; en el festival de Berlín por el Oso de Oro; al Cesar como mejor película extranjera y en 2003 alos premios BAFTA a mejor película de habla no inglesa, El Viaje de Chihiro es una joya artística de la animación nipona, producto artesanal del director  y dibujante Hayao Miyazaki.

Chihiro es una niña de diez años que viaja en el coche de sus padres debido a una mudanza y que al detenerse debido a que se han perdido, atraviesan un túnel que los transporta a un mundo diferente, en el que no hay lugar para los seres humanos, sólo para dioses. Cuando descubre que sus padres han sido convertidos en cerdo, Chihiro se siente sola y asustada, y comienza una travesía por ese mundo desconocido para rescatarlos y volver a casa.

El largometraje, dotado de excelentes características visuales y una impresionante, tierna y aventurera banda sonora a cargo del gran compositor Joe Hisaishi (que también compuso la banda sonora de la película La Princesa Mononoke), consigue envolvernos durante todos y cada uno de los minutos de duración de la acción. Los paisajes son cambiantes, bucólicos a la luz del día, cuando aparecen extensos prados coloreados de un verde intenso e invadidos por una suave brisa; y de extraña concepción por la noche, cuando esos prados se inundan para transformarse en un amplio mar de aguas cristalinas sobre el que circula un tren, cuyos pasajeros son sombras difusas. No cabe duda alguna tampoco de la genialidad con la que Miyazaki plasma los personajes, y no es casualidad la fisiología que los atribuye, sobre todo a los habitantes de aquel mundo de fantasía. Chihiro, los padres de esta y Haku son representados con forma humana. En l caso de Chihiro, una forma humana de bien, de esperanza, reflejo de los niños y la inocencia ante un mundo desconocido. Los padres, que son convertidos en cerdos, son dibujados con expresiones socarronas, indiferentes, que representan la actitud de los adultos subyugados a la sociedad actual. Y Haku, el chico que se convierte en dragón es pintado primero con expresión amable, pero desorientada cuando sufre su transformación, subyugado también en este caso por Yubaba, la regente del balneario donde se relajan los dioses.

Y esta última es un personaje interesante. Pero no sólo ella, sino también su hermana gemela. Son representadas de forma caricaturesca, con una testa de dimensiones desproporcionadas a su menudo cuerpo. Son brujas, y ambas obran por y para ellas mismas. Se produce una confusión entre quién es realmente mala y quién es realmente buena, lo que nos sumerge en una reflexión de nuevo sobre la realidad, y que Miyazaki deseó plasmar en sus películas: no hay “malos” en sus producciones, porque la realidad es tan ambigua que los que han sido “buenos” pueden corromperse. La gran cabeza tanto de Yubaba como de su hermana representan, pues, esa confusión de la sociedad entre lo que está bien y lo que está mal, entre el individualismo y el bien común. A pesar de que todos los sirvientes de la bruja trabajan juntos para regentar el local de la mejor manera posible, no están unidos, sino que cada uno persigue sus propios intereses, mayoritariamente económicos. Esto es, pues, reflejo de una sociedad individualista que no persigue un bien común con el que se pueda alcanzar una definición de justicia y felicidad, sino tan sólo deseos personales que llevan a las propias personas de una misma comunidad a mantener conflictos entre ellas.

No debemos menospreciar, pues, a otro de los personajes que causa furor y extrañeza en la película: el llamado por los espectadores “sin cara”, debido a que es una sombra cuyo rostro está oculto tras una máscara tradicional japonesa. Cuando este individuo llega al balneario, solicita ingentes cantidades de comida que hacen que engorde deliberadamente, y como premio, entrega a los sirvientes grandes cantidades de pepitas de oro que surgen de sus manos. Este misterioso personaje, abominable cuando monta en cólera, pues con su enorme boca se traga a los que rechazan sus presentes o simplemente lo molestan, es representación de nuevo de la sociedad, esta vez desde un punto de vista económico y comunicativo. Miyazaki afirma que su único objetivo como creador es el de afirmar el mundo, pero hay una diferencia entre lo que esperamos de esa afirmación y lo que él hace en sus películas: pues en realidad él afirma que este mundo no es para nada agradable. Él lo define como “un sitio ambiguo que no deja de crecer y de tratar de consumirlo todo. La realidad se desarrolla y va devorando todo lo que se encuentra a su paso”. Una sentencia que no se limita con aspectos de la naturaleza, sino también con valores como el de la palabra, la importancia de las raíces o la capacidad de encontrar el bien común. Este personaje, el “sin cara”, cubierto por una máscara, nunca habla, ofreciendo sin esfuerzo lo que todos desean con tal de crecer y hacerse más fuerte para dominar. Las palabras en el mundo actual son vacías, sin significado, débiles, reflejo de una sociedad vacía. No es casual, por tanto, que Chihiro pierda su nombre al querer servir a Yubaba para poder rescatar a sus padres, empezando a llamarse Sen (trascripción fonética de Yen, que designa la moneda nipona). Pero no sólo la palabra está infravalorada, sino que especialmente los niños no tienen consciencia de sus raíces, las están perdiendo, no conocen tradiciones, degradan su historia, y una persona sin historia, que haya olvidado su pasado, se desvanece como el hielo en primavera. En la película, los padres de Chihiro son convertidos en cerdo precisamente por pecar de arrogantes ante una advertencia de la naturaleza y los dioses de la misma de no atravesar el túnel.

Con suma maestría como dibujante, director, crítico y padre, Miyazaki consigue realizar un collage de nuestra era, irrepresentable utilizando elementos de nuestra propia realidad, plasmándola mediante elementos fantásticos que continúan sorprendiéndonos cada vez que vemos la película. Si bien es un largometraje dirigido para niños, es tal vez mayormente recomendable que los adultos, y especialmente los adolescentes, la vean al menos dos veces. Los que sufren las consecuencias de todo esto son los niños, que se encuentran sin referencia, perdidos en un mundo que al principio no conocen. Y eso es lo que el director desea expresar con esta película: cómo una niña inocente de diez años descubre el funcionamiento del mundo, las dificultades de supervivencia, y sobre todo, que se necesita unidad, amistad, amor y un bien común para que una sociedad progrese sin problemas.

No es el viaje de Chihiro lo que vemos, sino nuestro viaje. El viaje de la humanidad.

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Orfeo y Eurídice. Relación mito-ópera.

¡Hola de nuevo, parvi nautae! Por fin vuelvo a actualizar mi polis bloggera con una nueva entrada tras unos días un tanto ajetreados y difíciles de sobrellevar debido al enorme lío de horarios en el Conservatorio de Música. Lo que ahora me recuerda que el tema de esta publicación va relacionado con la música. Ah, ¿a quién no le gusta la música? Vale, no me vengáis diciendo que os mola la techno, o el reggeaton, porque ese rollo no va conmigo, ¿entendido? Llamadme anticuada, al fin y al cabo me quedé anclada en la Edad Antigua, el Renacimiento y el Neoclasicismo, pero no vais a convencerme. La música clásica siempre, siempre será la mejor y la más placentera para mis tímpanos. Hace dos días que pensaba qué podría poner en el Blog para impresionaros, pero se ve que me quedé in albis y no pude hacer nada para remediarlo, así que anoche se me ocurrió que podría inspirarme un poco con música. Rebuscando entre los vinilos que adquirí en la tienda de segunda mano (todos de música clásica, por supuesto), avisté uno que llamó mi atención: la ópera Orfeo ed Euridice de Gluck. Y os preguntaréis, queridos nautae: “¿Y quién son esos? Y lo más importante…¡Qué nombre más raro que tienen!”. No os preocupéis, que os lo explicaré todo enseguida.

 

Seguramente os suene el renombrado Orfeo, ya que es famoso por ser uno de los mortales con la habilidad más grande para tocar la lira y cantar del mundo entero de la mitología. Pues bien, este joven se casó con la dulce Eurídice, una muchacha saludable y cuyo amor por él era tan grande que no podía separarse un sólo instante de su marido. Pero un día en que ella caminaba por el bosque próximo al lugar donde vivían, un fauno, Aristeo, la persiguió con no muy buenos fines. Ella corrió, y en su huida, una serpiente la mordió, provocando su muerte. Orfeo la halló allí tendida y se arrodilló abrazando el inerte cuerpo de su esposa, a las orillas del río Estrimón, lamentándose por la pérdida. Fue tal la tristeza del pobre hombre, que no supo hacer otra cosa más que tocar su ahora desflorada lira, de la cual brotaban notas oscuras y rotas que llegaban a los oídos de dioses y ninfas, que acabaron aconsejándole que bajar al Inframundo a recuperar a su amada. Así fue como con valentía, se hizo hasta los terrenos de Hades, cruzándolos con vida y con su lira, sorteando multitud de obstáculos con su música celestial. Y entonces, al llegar a la cámara de los dioses del Inframundo, conmovió primero a Perséfone, diosa de la Primavera, que convenció a su esposo para que le entregase el alma de su amada Eurídice. Y así lo hizo el Gran Señor de las Tinieblas, pero con una condición bien clara: no podía mirar a su esposa a la cara hasta que no salieran de la oscuridad. Entonces, pletórico, Orfeo caminó y subió las escaleras que los devolverían a la vida. Pero según avanzaba, sentía cada vez más preocupación, porque no podía escuchar a Eurídice, ni tampoco podía saber si estaba bien o mal, o si realmente lo seguía. Cuando habían alcanzado la superficie, se giró, pero ella mantenía uno de sus pies bañado en la oscuridad del Inframundo, y Orfeo la perdió para siempre.

Una historia un tanto trágica, ¿no creéis? Pero es que parece ser que para los griegos de la Edad Antigua estos temas de amoríos y desamores eran muy comunes y solían ser el tema principal por el cual los dioses peleaban entre sí o por el cual los dioses se inmiscuían en las vidas de los humanos. Aunque ese tema ya lo trataremos en otra entrada, no seáis impacientes, cari nautae. ¡Pero bueno! ¿Y qué tiene que ver ahora el retrato de este señor con todo esto? Pues mucho, por no decir que es casi uno de los puntos que nos llevarán al corazón de esta entrada. Bueno, pues este hombre es Christoph Willibald Gluck, el compositor de la ópera Orfeo y Eurídice. Sí, sí, habéis leído bien, también es una OBRA MUSICAL. Aunque no lo creáis a priori , la mitología ha influido enormemente en la literatura, la música y el arte en general. Pero eso lo dejamos para otra entrada también.

Volvamos con Gluck. No voy a decir demasiado sobre su vida, sólo los datos importantes. De todas formas, si queréis saber más cosas sobre él, mirad en esta página: http://hagaselamusica.com/ficha-compositores/clasicismo/gluck-christoph-w/ o en Wikipedia, que siempre ayuda. Yendo al grano de una vez, este compositor, bastante célebre en su época, tuvo la gran idea de honrar al mundo musical con la que me atrevería a decir que es la más conocida de sus óperas mitológicas. Os dejo con unos cuantos vídeos subtitulados al castellano para que podáis entender lo que recitan los personajes. Los papeles principales están repartidos entre Orfeo (contralto. Sí, lo interpreta una mujer), Eurídice (soprano) y Eros o Cupido (soprano). Los demás papeles son normalmente grupales, y corresponden al coro de furias y ánimas, al coro de los asistentes al funeral, etc.

En la cuarta parte del primer acto podemos observar la aparición de Eros o Cupido en escena para expresar la solución a los problemas de Orfeo. Observad la fantástica ambientación del escenario y qué bien representados están los personajes:

n este caso vemos las puertas del Averno, custodiadas por las arpías y las furias, algunas almas en pena y demás criaturas oscuras y sometidas por el fuego de las profundidades del Infierno, que no desean que Orfeo traspase las puertas para introducirse en el Inframundo.

Finalmente, cuando Orfeo y Eurídice van a emerger de los Inferos, él no resiste los lamentos de su esposa y se gira para abrazarla, cometiendo un grave error. No podrá recuperarla nunca.

Pero una reaparición de Cupido interrumpe la cólera de Orfeo, devolviéndole a su amada, cosa obviamente inventada, porque en el mito Orfeo debe volver al mundo de los vivos sin la compañía de Eurídice.

Todo tiene final feliz. Una danza con los aldeanos del pueblo donde vivían y un bonito discurso sobre el poder del amor y lo que supone la constancia en una relación. Toda una lección de romance al más puro estilo trágico, pero cuyo final deja mucho que desear en comparación con el mito.

 

¡Qué preciosidad de obra! ¡Esto sí que es disfrutar de buena música! Exquisita para los melómanos obsesivos y los amantes de la mitología, que vemos reflejada en ella la pasión y admiración hacia una época y una civilización olvidada por algunos, pero que aún pervive en nuestras costumbres y en nuestra cultura.

 

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Las Fábulas de Esopo

Las fábulas son composiciones literarias conformadas por un simple y breve  argumento, y cuyos personajes suelen ser animales u objetos personificados que desarrollan la acción con una finalidad didáctica para el lector, pues todos estos relatos terminan con una moraleja de la cual se extrae la enseñanza.

Muchos de vosotros reconoceréis algunas fábulas como “el cuento que me contaba mi madre antes de ir a dormir”. Sin duda, algunas de las más famosas composiciones de este calibre son de Esopo.

Y os preguntaréis “¿a qué viene esto de publicar un artículo sobre Esopo?” La respuesta es muy sencilla, y es que en el instituto, hace una semana aproximadamente, comenzamos a traducir estos sencillos relatos con moraleja en la asignatura de Griego II para prepararnos para el examen de selectividad. Está resultando una actividad tan dinámica y divertida, que he decidido investigar un poco sobre los orígenes de la fábula y el susodicho autor griego. ¡A ello!

Resulta ser que ya en Mesopotamia se recopilaban en tabloncillos de arcilla enseñanzas protagonizadas por zorros astutos y elefantes torpes, así como animales estúpidos. Sin embargo, es mucho más destacable afirmar que la primera fábula como tal nace en nuestra querida Hélade, de la mano de Hesíodo en el s.VII a.C, conocida como “La Fábula del Ruiseñor”, y que está incluída en su obra “Trabajos y Días” (” Ἔργα καὶ Ἡμέραι” ), donde aparecen por escrito las tradiciones orales del pueblo griego ordenadas por temática. Habiendo nacido ya la fábula con intención de incitar a la reflexión moral, se estipula que alrededor del año 600 a.C (pues no se sabe concretamente), se supone que vivió nuestro protagonista: Esopo (Αἴσωπος).

Un hálito de misterio rodea como una nube de niebla al escritor, pues nadie sabe exactamente dónde nació, ni dónde vivió, y ni siquiera cuándo. Sólo podemos hacer estipulaciones a través de documentos escritos, de los cuales obtenemos diversas respuestas, como por ejemplo la que dio Heráclides Póntico, mencionando que Esopo provenía de Tracia y había sido esclavo de Jantos; o como Fedro, que en la recopilación de las fábulas del griego, lo sitúa en la ciudad de Frigia, al igual que Suidas, un lexicógrafo. Y, además, tenemos ejemplos en un corto de animación como este:

 

 

Mi deseo de saber, apenado por no encontrar respuesta ante tantas preguntas que no van a poder resolverse todavía, y excitado por el descubrimiento de un nuevo misterio, me lleva a investigar sobre la obra en sí. Por lo aprendido en clase, tan sólo conozco que las fábulas esópicas en efecto tienen las características de este género y que de estas se han hecho recopilaciones tan famosas como la de Fedro, la de Samaniego o la de Juan Manuel en “El Conde Lucanor”.

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Y el latín, ¿para qué?…¿Y el griego?

En mi corta experiencia como alumna de la opción de Humanidades ofertada en nuestro instituto, y que escogí cuando aún era estudiante de la E.S.O., las asignaturas que se desprecian más, tal vez tras las de Ética y Filosofía, son Latín y Griego. No ha habido curso durante el cual no se formulara (y más de una vez) la pregunta que siempre le pasa por la cabeza a cualquier persona/estudiante que tiene los pies en este mundo materialista y la cabeza en lo que resulta útil y lo que no (o lo que él o ella consideran útil…): “Profesor, ¿para qué sirve el latín?”. Y entonces te miraba, tal vez sonreía de forma casi fingida, como disculpándose ante algo que era muy complejo de explicar, ante algo que abarcaba todos los cimientos del lenguaje actual, y sólo algunos (me auto consuelo pensando que hay más de uno) valoran la dimensión social de grandes proporciones que han tenido tanto el griego como el latín en la formación del lenguaje, del pensamiento, de la razón, de lo que somos. Y es que decía Aristóteles, filósofo griego: “Antropos zoon politikón estin”, o lo que es lo mismo, “el hombre es un animal político”, y una de las pruebas de que el hombre lo es, es el lenguaje. El hombre desarrolló el lenguaje con un fin: comunicarse. ¿Os podéis imaginar por un momento cómo sería vivir sin comunicarnos? Bueno, tal vez sí. Actualmente es mucho más sencillo, porque estamos perdiendo las raíces que nos unían como familia humana, porque estamos pecando de individualismo exacerbado, y la palabra o logos se infravalora.

Pero dejando atrás divagaciones sobre la sociedad actual, pasemos a responder la pregunta del millón: “¿Para qué sirven el latín y el griego?” En primer lugar, si eres un lector que formas parte de la comunidad científica o eres un alumno de la opción de Ciencias no peques de creer que tienes demasiada razón y tampoco caigas en el error de creer que las lenguas clásicas son inútiles, porque incluso en el campo científico se utilizan. Si sufres cefalea, otitis, litiasis, gastroenteritis, taquicardia, faringitis, laringitis, sinusitis o cualquier otra enfermedad de nombre “raro”, acudes al médico, que conoce todos estos términos que, por cierto, provienen del griego y del latín. Pero no sólo los nombres de enfermedades o patologías, sino también la denominación de cada especialidad médica y la infinidad de fobias que existen: podólogo, odontólogo, pediatra, ginecólogo, logopeda, psicólogo, psiquiatra, claustrofobia, agorafobia, aerofobia, fotofobia, fotofobia, etc. Como podéis ver, los hospitales y los centros de salud son un hervidero bullente de términos clásicos. Pero no nos remitimos sólo a los confines de la salud, sino también a los de la naturaleza y los mismos nombres de las ciencias (tecnología, geología, biología, física…). ¿No es cierto que cada animal, cada planta tiene su nombre científico? Y, sorpresa: están expresados en latín. Porque el latín, no hace mucho tiempo, era la lengua común en la mayor parte de Europa, y el ilustre botánico sueco Linneo comenzó a nominalizar las plantas con términos latinos para que no hubiera confusiones entre unos estados y otros.

 

Sigo sin convenceros mucho, ¿verdad? Os seguiréis haciendo la misma pregunta y, además, pensaréis: “de acuerdo, todo esto que estás diciendo está muy bien pero ¿para qué sirve realmente si en un futuro no me va a dar de comer?”. Como dicen los profesores de Filosofía: “nuestra asignatura no sirve para nada”. Pues con el latín y con el griego pasa lo mismo. Para aquellos que formulan la repetitiva pregunta les responderé que no, que no sirve para nada si continúan encerrados en su propia burbuja materialista. Y me preguntaba a mí misma: “¿de verdad no sirven para nada? ¿No sirven para convertirnos en mejores personas, en personas más cultas? ¿No nos facilita el trabajo?”. Haced memoria, alumnos de Humanidades, recordad cuánto vocabulario conocíais antes de comenzar a aprender latín y griego. Una vez que lo hayáis analizado pensad cuántas palabras nuevas habéis aprendido mediante etimologías y traducciones de textos en estas lenguas “inútiles”. ¿Qué descubrís? Que podéis leer un informe médico de cualquier consulta a la que asistáis y que podréis deducir algunas palabras por su conexión clásica. Que en una página de un libro no entendéis una palabra y podéis absteneros de buscarla en el diccionario o en la enciclopedia al saber su proveniencia. Descubrís que en el proceso de aprendizaje y asimilación de esos difíciles términos ahora sois personas más llenas, que podéis sentiros plenos de conocimiento, al menos por ahora. Y no sólo nos es favorable para el vocabulario, ¿qué me decís de sintaxis? ¿Y de expresión escrita? La riqueza de las traducciones de textos clásicos es tan grande que, desentrañando sus misterios, podemos adentrarnos en un mundo totalmente diferente, en nuevas ideas, en nuevos pensamientos, en nuevas expresiones, y todas ellas, tomarlas para usarlas en nuestra vida cotidiana y en otras asignaturas, para poder ser personas con una amplia formación académico-lingüística.

Ahora que creo que habré despertado vuestras mentes sumidas en el sopor del materialismo y la ceguera (al menos un poco), formularé otra pregunta nueva: “¿son entonces realmente el latín y el griego lenguas muertas?”. Habiendo visto que la mayoría de tecnicismos provienen del griego y que casi todas las palabras del castellano son hijas del latín, podemos afirmar que no es así. Las denominan lenguas muertas porque no se hablan, porque no se utilizan para la comunicación oral. ¿Acaso los textos que aún conservamos de Cicerón, de César, de Platón, de Aristóteles, de San Agustín de Hipona, etc. no son una forma más de comunicación? Y su información nos llega de forma directa, por vía escrita, gracias a los forenses del lenguaje, los traductores e investigadores, que con un bisturí y mucho pulso descifran los secretos más ocultos de las lenguas de la actualidad conociendo su historia y basándose en sus raíces. En la actualidad hablamos griego y latín, un griego y latín modificado: el castellano en el caso de España e Hispanoamérica, el italiano en el de Italia, el francés en Francia, el portugués en Portugal y Brasil, etc. ¿Por qué seguimos pensando que no sirve para nada si nos enriquece como personas, si enriquece nuestro lenguaje y nuestra expresión a la hora de comunicarnos? Una nube de indiferencia, ignorancia, pasividad, materialismo y tendencia a permitir nuestra manipulación, sobre todo en el caso de los adolescentes, provoca que perdamos nuestras raíces, las raíces de nuestra lengua, las raíces de nuestro pensamiento…y desaparezcamos como personas.

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Documentus Caesaris

Salve, amici!

Iam hic sum! Tandem ego probationes primae evaluationis bacchierati dessi! Uam lenimen est!

Bene, hodie vobis fero documentum Julii Caesaris. (Quoque, vobis fero resolutionem sintacticum).

Caesar ex castris equitatum educi iubet, proelium equestre committit; laborantibus iam suis, Germanos equites circiter quadrigentos submittit, quos ab initio habuerat. Eorum impetum Galli sustinere non potuerunt atque, multis amissis, se ad agmen receperunt.

César ordena que la caballería sea enviada fuera del campamento, establece combate ecuestre; en este momento estando los suyos en apuros, envía bajo su mandato a cuatrocientos jinetes germanos alrededor, los cuales había tenido al principio. Los galos no pudieron soportar el ataque de estos y , habiendo dejado marchar a muchos, hacia el ejército regresaron.

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